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Tenía una guinea dorada —
La perdí entre la arena —
Y aunque la suma era sencilla
Y hay fortunas en el mundo —
No obstante, tal valor tenía
Para mis ojos frugales —
Que al no poder encontrarla —
Me senté a suspirar.

Tenía un Petirrojo escarlata —
Que cantaba todo el día.
Pero al otoñarse el bosque
Él, también, voló —
El tiempo me trajo otros Petirrojos —
Sus baladas eran iguales —
No obstante, para mi Trobador perdido
Todavía reservo la casa.

Tenía una estrella en el cielo —
“Pléyade” era su nombre

Y un día que yo no miraba
Se fue lo mismo.
Y aunque los cielos están poblados —
Y brillan toda la noche —
No me importa —
Porque ninguna de ellas es mía.

Mi historia tiene moraleja —
Tengo un amigo perdido —
“Pléyade” su nombre, y Petirrojo,
Y guinea en la arena.
Y cuando esta cancioncilla triste
Acompañada de lágrima
 —
Encuentre el ojo del traidor
En algún país distante
 —
Concede que solemene arrepentimiento
Se apodere de su mente —
Y que ningún consuelo
Pueda  encontrar bajo el sol.

Todos estos son mis  estandartes.
Siembro mi boato 
En Mayo —
Y se levanta séquito a séquito —
Para dormir en paz después —
Mi santuario — toda la pradera —
        Hoy.

Perder — si puedes hallar de nuevo —
Fallar — si se espera coincidir —
El Jugador no puede robar — entonces —
El Broker no puede engañar.
Así pues levanta alegremente los terrones
Pequeña pala mía
Dejando rincones para Margarita
Y para Colombina
Tú y yo el secreto
Del Crocus sabemos —
Cantémoslo suavemente —
“¡No hay más nieve!”

Para quien conserva el corazón de una Orquídea —
Las ciénagas son púrpura en Junio.

Perdemos — porque ganamos —
Los jugadores — recordando lo cual
¡Lanzan su dado otra vez!

Descreída de la Genciana —
Y ya cuando me voy,
La nube de sus flecos
Me recrimina perfidia —
Harta de mi ————
Haré el camino cantando
 —
Así — no sentiré la ventisca —
No temeré la nieve.

Tal aletea el espejismo de la pradera
Ante la Abeja desalentada —
Tal murmura el arroyo en los desiertos
A los Oídos que muriendo yacen —
Arden así las Lenguas de la Tarde
A los Ojos que van Cerrados —
Pende así distante el Cielo
De la mano abajo.

Un sépalo, un pétalo, una espina 
En una mañana de verano cualquiera —
Un frasco de Rocío — una Abeja o dos —
Una Brisa — una pirueta entre los árboles —
¡Y soy una Rosa!

La Genciana teje sus flecos —
El telar del Arce es rojo —
Mis flores desvayéndose
    No quieren cabalgata.

Breve pero sufrida enfermedad
 —
Una hora para sobrellevarlo
Y una bajo tierra esta mañana
Está donde
 los ángeles —
Fue una procesión corta,
El Tordo estaba allí —
Una Abeja de edad pronunció el sermón —
Y entonces nos arrodillamos para rezar —
Confiamos en que estaba dispuesta —
Rogamos poder seguirla.
¡Verano — Hermana — Serafín!
¡Déjanos ir contigo!

En el nombre de la Abeja —
Y de la Mariposa —
Y de la Brisa — ¡Amén!

Entreabierta uno o dos días —
Tímida — no asustada —
Encontré en mi jardín

A inesperada Doncella.

Ella chista, y nace el bosque —
Asiente, y todo comienza —
¡Juro que nunca había estado
En un país semejante! 

Destilara una copa,
A todos mis  amigos la ofreciera,
¡Un brindis para ella, que ya no vive
Por mandato o primavera o
amarra!

Carmesí y dorado el Huésped —
Un huésped Ópalo y gris —
De Armiño es su casaca —
Su Capuchina alegre —

Llega a la ciudad al caer la noche  —
Se detiene en cada puerta —
A quien lo espera de mañana
Le ruego también — explore
El puro territorio de la Alondra —
O la orilla del Avefría!

Una Hermana tengo en nuestra casa,
Y otra, más allá del seto.
Certificada solo hay una,
Pero ambas me pertenecen.

Una vino por el camino que yo —
Y llevaba mi vestido del año pasado —
La otra, como un pájaro su nido,
Construía entre nuestros corazones.

No cantaba como nosotras —
Era una melodía diferente —
Ella para ella una música
Como Abejorro de Junio.

Hoy está lejos la Infancia —
Pero colina arriba y abajo
Su mano es la que estrecho más fuerte —
Lo cual acorta todas las millas —

Y todavía su zumbido
Los años en medio,
Engaña a la Mariposa;
Todavía en su Ojo
Las Violetas alimentan
El mantillo de este Mayo.

Yo he derramado el rocío —
Pero he tomado la mañana —
He escogido esta sola estrella
De entre las numerosas en la vasta noche
Sue — ¡para siempre jamás!
a